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Se sabe que una de cada diez mujeres desarrollará un cáncer de mama a lo largo de su vida. Sin embargo, también se sabe que hasta el 90% se cura gracias a los programas de detección temprana del cáncer y a la eficacia de los tratamientos (la cirugía, la radioterapia y la farmacología). Son datos de la Asociación Española contra el Cáncer que destaca, precisamente, que al tratarse de una de las pocas enfermedades cancerosas que se pueden diagnosticar antes de que dé síntomas, es importante realizarse los controles recomendados. Y es precisamente éste uno de los principales objetivos del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, concienciar sobre la importancia de someterse a las revisiones necesarias.

Realizarse la mamografía cuando toca
La técnica más utilizada para el diagnóstico precoz es la mamografía, que permite detectar lesiones en la mama hasta dos años antes de que sean palpables y, lo más importante, antes de que hayan invadido en profundidad y se hayan diseminado a los ganglios u otros órganos. Por este motivo, no se recomiendan otros métodos diagnósticos distintos a la mamografía, si bien es cierto que realizarse una autoexploración cada mes puede ayudar a detectar algún cambio en las mismas y consultarlo con el especialista. Sin embargo, como único método de diagnóstico precoz tiene una fiabilidad baja.

Las mujeres con más riesgo de desarrollar un cáncer de mama son las de edades comprendidas entre los 50 y los 65 años, de ahí que en la actualidad se lleven a cabo programas de screening (cribado) de cáncer de mama dirigidos a este grupo que consisten en la realización de mamografías cada 1-2 años. Recientemente, se está incorporando a los programas de screening las mujeres en edades entre 45-49 años y 65-69 años. En cambio, según datos de la AECC, no se han demostrado beneficios las campañas de diagnóstico precoz por encima de los 69 años ni por debajo de los 45 años.

¿Puede prevenirse un cáncer de mama? 
Aunque no se puede prevenir, estudios recientes parecen demostrar que introducir cambios en nuestro estilo de vida puede reducir el riesgo de padecer cáncer de mama. En concreto, se trataría de realizar ejercicio físico de forma regular (al menos 4 horas a la semana), evitar el sobrepeso y la obesidad sobre todo tras la menopausia (lo que implica llevar una alimentación equilibrada, completa y saludable) y evitar el consumo regular de alcohol.

Además, si existe una historia familiar de cáncer de mama es conveniente que se pida Consejo genético (consiste en el estudio del patrón genético de un paciente con un tumor), que permitirá determinar si se asocia con una mutación genética (BRAC1, BRAC2).

Por el contrario, el uso de tratamientos hormonales sustitutivos durante la menopausia se asocia a un incremento del riesgo de padecer cáncer de mama, por lo que se aconseja evitarlos.

Fuente: AXA – Canal salud

Consulte los consejos que ha editado la AECC sobre Cómo prevenir el cáncer de mama: